viernes, 18 de abril de 2008
domingo, 13 de abril de 2008
14 de abril: la vieja canción
Una vez más, un año más el viejo sueño, la vieja canción de la verdadera y genuina libertad. La fecha sagrada de la aventura hispana que abortó sangrientamente un general traidor, acompañado de banqueros y sotanas, y también de gran parte de un pueblo ciego e incivil. Tenemos derecho a desear una forma de gobierno republicana. Otros paises lo son. Pero pasemos en espiral hacia adelante. Que el río eterno fluya sin repetir la cruel historia.Pedro Fierro Viejo
jueves, 3 de abril de 2008
Recibimos carta de JM Merino
Caros Manolo / Marta,
me ha encantado encontrarme cantando en los Maristas ante la batuta segura del gran maestro Bieito... Pero también me he recordado en el Emperador, contemplándote mientras fascinabas al público con tus saltos, piruetas y risotadas -gorro de cascabeles incluido- mientras servías, creo, de narrador implícito -que dirían ahora-en un espectacular y pre-spilbergiano montaje de "Caperuza Azul" -¡hay que ver cómo estaban los tiempos!:
"caperuza azul, caperuza azul,
se la comió el looooobo"
cantaba el coro, con tono lastimero. Ojalá.
Que conste que aquella actuación tuya fue uno de los mitos imperecederos en mi casa familiar...
En fin, que se agradece la cariñosa referencia...
Abrazos, José María
me ha encantado encontrarme cantando en los Maristas ante la batuta segura del gran maestro Bieito... Pero también me he recordado en el Emperador, contemplándote mientras fascinabas al público con tus saltos, piruetas y risotadas -gorro de cascabeles incluido- mientras servías, creo, de narrador implícito -que dirían ahora-en un espectacular y pre-spilbergiano montaje de "Caperuza Azul" -¡hay que ver cómo estaban los tiempos!:
"caperuza azul, caperuza azul,
se la comió el looooobo"
cantaba el coro, con tono lastimero. Ojalá.
Que conste que aquella actuación tuya fue uno de los mitos imperecederos en mi casa familiar...
En fin, que se agradece la cariñosa referencia...
Abrazos, José María
martes, 1 de abril de 2008
José María Merino, Ilmo. Sr.
–¡A la “m”, le han dado la “m”!. Llegaba Jular al Húmedo, entre alborozado y aterido. –¿A quién han mandado a la mierda?, pregunté yo, inocente y temiéndome lo peor.–¡A la “m”, al sillón “m” de la Academia...! ¡Han elegido a Merino, para la Academia!
–¡Tas tonta, tu!. soltó el insoportable Paco Sopas, que se me había pegado sin piedad, mientras yo esperaba a los chicos.
–Yo conocí a Josemari Merino, cuando hacía cosas más interesantes que entrar en la Academia. Cantaba en el coro de los Maristas, que dirigía el inefable maestro Vieito, y nos escribía poesías y cuentines a las niñas y aunque él no se acuerde de mí era uno de mis ídolos. Él y otro, un poco siniestro, al que llamaban “Poe”, que luego fué abogado rojo. Y cómo no, abogado en el TOP de Manolo Jular. Que, por cierto, también cantaba en el coro, pero yo entonces no me había fijado en él.
–Bueno, bueno (dijo Pedro entrando). –Te vas a ahogar, si entras en los recuerdos endogámicos de la prehistoria democrática. ¡Va a pensar la gente que el coro de los Maristas eran la Juventudes Comunistas de León!
Y así nos enrollamos, vaso a vaso, copa a copa, tapa a tapa, engolfados en una carrera literaria que empezó en la poesía (1972: Sitio de Tarifa). siguió en la prima novela (1976: Andrés Choz), y después, lo inenarrable, fantástica narrativa multidisciplinar, cuentos largos, medianos y “nanocuentos”, historia y metaficción (para mayores y pequeñitos). Y premios literarios. Y más libros. Intramuros, entre ellos. A la vez, el superviviente trabajo cotidiano en el Ministerio de Educación, o del nombre que recibiera de cada “inteligente” ministro de turno. –Fue director general del Centro de las Letras en el Ministerio de Cultura, bajo la pezuña de Semprún (de 1986 a 1989), dijo Paco Sopas. –¡Y el único osado dimisionario por incompatibilidad con su “señorito” que yo recuerdo, saltó Manolo Jular, siempre tan suyo. –Por cierto, con Merino son ya cuatro los leoneses académicos. Intervino mi Pedro Fierro, que no tiene remedio. Yo, que tenía un día sentimental, me quedé sin preguntarle cuantos escritores leoneses harían falta para cambiar una Academia llena de carrozones, panpringaos y (gracias, Josemari) cegaratos. Una, a veces, es muy de casa.
–Yo conocí a Josemari Merino, cuando hacía cosas más interesantes que entrar en la Academia. Cantaba en el coro de los Maristas, que dirigía el inefable maestro Vieito, y nos escribía poesías y cuentines a las niñas y aunque él no se acuerde de mí era uno de mis ídolos. Él y otro, un poco siniestro, al que llamaban “Poe”, que luego fué abogado rojo. Y cómo no, abogado en el TOP de Manolo Jular. Que, por cierto, también cantaba en el coro, pero yo entonces no me había fijado en él.
–Bueno, bueno (dijo Pedro entrando). –Te vas a ahogar, si entras en los recuerdos endogámicos de la prehistoria democrática. ¡Va a pensar la gente que el coro de los Maristas eran la Juventudes Comunistas de León!
Y así nos enrollamos, vaso a vaso, copa a copa, tapa a tapa, engolfados en una carrera literaria que empezó en la poesía (1972: Sitio de Tarifa). siguió en la prima novela (1976: Andrés Choz), y después, lo inenarrable, fantástica narrativa multidisciplinar, cuentos largos, medianos y “nanocuentos”, historia y metaficción (para mayores y pequeñitos). Y premios literarios. Y más libros. Intramuros, entre ellos. A la vez, el superviviente trabajo cotidiano en el Ministerio de Educación, o del nombre que recibiera de cada “inteligente” ministro de turno. –Fue director general del Centro de las Letras en el Ministerio de Cultura, bajo la pezuña de Semprún (de 1986 a 1989), dijo Paco Sopas. –¡Y el único osado dimisionario por incompatibilidad con su “señorito” que yo recuerdo, saltó Manolo Jular, siempre tan suyo. –Por cierto, con Merino son ya cuatro los leoneses académicos. Intervino mi Pedro Fierro, que no tiene remedio. Yo, que tenía un día sentimental, me quedé sin preguntarle cuantos escritores leoneses harían falta para cambiar una Academia llena de carrozones, panpringaos y (gracias, Josemari) cegaratos. Una, a veces, es muy de casa.
Marta Delgado de Klee
martes, 25 de marzo de 2008
Alejandro Sáenz de Miera, pintor
"A Saco" (Universos Invertidos) en el bar MISERIAS de la calle Álvaro López Núñez, 23. LEÓN
Traigo aquí a este tío, que pinta un huevo de bien -Manolo Jular dixit-, porque me gusta lo que hace y por qué lo hace. Y, aunque se haya arropado en un texto de Paul Valery ("Piezas sobre arte"), que levantaría ampollas entre los vagos y los inútiles, si estos pudieran entender lo que Valery, y por ende, Alejandro, quieren decir, le deseo toda la suerte y el reconocimiento que su trabajo merece.
miércoles, 19 de marzo de 2008
C’EST ÇA, LA PEINTURE?
La voilà: Aquí la tenéis, miradla. Yo la conocí hace ya muchos años. Cuando empezaba. Entonces era fuerte, a su manera. Es decir: Su materia era táctil, espesa, sensual. Su color se agarraba a los ojos.Yo fui espectadora del drama de su nacimiento. A veces fue trilobites, roca, pizarra emborronada de formas que emergían. También fue vegetal: árbol, cactus, arbusto. Y pared llena de iconos animales. Y al fin, huella de manos bien humanas, manos del hombre primitivo que firma el mundo. Iluso. Y luego el cuerpo, el cuerpo humano: hombre, mujer, mujer de nuevo, sexo, pecho, caderas, vientre, vientre sobre todo, vientre maternal bajo rostro infantil apenas esbozado.
Picasso no logró contagiarla de su implacable alegría. Viejo sabio invencible. El Pintor y su Musa a los 90. Su sardónica risa aún nos abruma.
Fue política en fin, como debía ser. Como correspondía: uniformes, rostros ceñudos y amenazadores, todos tercamente iguales, porras, barrotes, gritos. Dolor. Sonaba Verdi, hermoso anciano Verdi bienamado. ¡Cuánto le amamos! También sonó Beethoven. Y Schoemberg. Y Stravinski. Y Berio y Pierre Boulez. Y Luis de Pablo. Y antes: Béla Bártok.
Y después el silencio. Dejé de verla. A veces la olvidé por un instante. Pero estaba en mi piel, en mi tacto. En mi vista. Era humana. Y, como tal: sucia, viscosa, pesada. Insoslayable.
Ahora aparece así: estilizada, desnuda casi. Suena Mahler.
Miradla bien de frente. Cabezas inocentes han rodado hasta alcanzar esta difícil desnudez, esta desolación. La belleza es así: se cobra un alto precio para dejarnos ver el mundo desde el otro lado del espejo. ¿Será esto, al fin? Miradla bien. Haceos fuertes. No os hagáis preguntas. No hay respuesta. No hacen falta. Lo que tenéis delante es ya por fin pintura. Sólo pintura. Nada más que pintura. TODO PINTURA.
Pero desconfiad. Eso es sólo apariencia. Lo único que os pide esta pintura es que no os hagáis contemplativos. Resistid. No seáis sumisos. Buscad en la aparente serenidad de esta belleza casi abstracta. Encontraréis sin duda el daño, el dolor, el miedo, la añoranza. Las palabras que buscan su camino ciegamente para contaros una historia, a cada uno de vosotros. Un lenguaje cifrado para un destinatario único: Tú. Para contarte una historia humana hecha de abandono y búsqueda.
n Maribel Pérez-Alfaro
martes, 18 de marzo de 2008
LA ÚLTIMA CENA, pintada por Tintoretto
No estamos haciendo historia, ni mucho menos cronologías. Estamos ante un convite de cierta importancia. Dentro del rito de la comida hay tiempo para la vanidad y desenfreno de los hombres. O para la crueldad del mamífero superior con sus semejantes. O para desgranar la gran fraternidad. ¡Chi lo sa!...El autor de estas líneas cree que no cree, pero puede que no creyendo, crea. Esto que podría ser una paradoja chestertoniana, es una confesión de perplejidad: Supuestos 500 años después de la supuesta victimación de Sócrates, condenado a la supuesta cicuta por sus supuestos conciudadanos, el supuesto dios de guardia va a poner a su supuesto hijo en las manos sedientas de sangre de su supuesto pueblo elegido.
Veamos el supuesto último: Un joven hombre adulto, al que en los últimos días el pueblo ha seguido con relativo entusiasmo, tras acelerados avatares, va a ser detenido, torturado y crucificado ante sus seguidores... ¡Por ese mismo pueblo tornadizo que, ahora, le odia!
Antes celebra una cena con sus íntimos, que tiene el color de las despedidas. Entre el ahora estoy, pero luego no estaré; Los compañeros de cena de este hombre iluminado, atónitos, le han oído decir mientras les ofrecía el pan y el vino: “Tomad y comed, esto es mi cuerpo”... “Tomad y bebed, esto es mi sangre”... Juan, el casi hermano, se ha estremecido ante la transustanciación del amigo en alimento de vida eterna.
Lo más extraño, si cabe, es que Jesús parece instaurarlo, sólo, como una costumbre diciendo a los que con él están: “Haced esto en memoria mía”. Memoria versus interpretación literal. Lo han contado para el mundo cuatro hombres, que fueron llamados evangelistas, aunque tres de ellos no estaban allí. Eso sí, como cuando Sócrates, se despide una víctima. Asunto de fe. Este banquete marcará a fuego toda la cultura de Occidente.
Pero sobre todo, este banquete ha sido pintado, genialmente pintado.
Esta agitación de rostros bellamente populares, estas luces de dentro a fuera, este movimiento de gran ópera fué pintado (1592-94) por el Tintoretto, "el cerebro más terrible (Vasari lo ha dicho), que haya tenido nunca la pintura". Esta maravilla es uno de sus cuadros para la iglesia de San Giorgio Maggiore, en Venecia. La última cena, la última gran obra. El anciano pintor ha necesitado una tela de 3,65 m de alto y 5,68 m de ancho.
Una taberna sombría y popular. La escena dramáticamente distorsionada. Las figuras humanas –campesinos, pescadores, (pecador@s)– abrumadas por la aparición de seres fantásticos. Es un poltergeist de ángeles y palabras, donde las aureolas de los santos aportan luces extrañamente desiguales que subrayan detalles incongruentes. Sobre los comensales, una lampara inenarrable, cuelga del cielo como un Grial, protegido por ángeles giróvagos.
Pero no es el Grial, porque Jesús el nazareno (que esta vez, sí ha sido pintado en el centro de la instantánea), lo tiene debajo de sí y en sí mismo, mientras ofrece a uno de sus compañeros, luego apóstoles, un pedazo de pan pascual. Algunos de los que están en la cena le han oído decir mientras les ofrecía el pan y el vino: “Tomad y comed, esto es mi cuerpo”...
No todos le han oído claramente. A la derecha, como yo, unos atareados sirvientes siguen su propio ballet. Lo dicho: Asunto de fe.
Veamos el supuesto último: Un joven hombre adulto, al que en los últimos días el pueblo ha seguido con relativo entusiasmo, tras acelerados avatares, va a ser detenido, torturado y crucificado ante sus seguidores... ¡Por ese mismo pueblo tornadizo que, ahora, le odia!
Antes celebra una cena con sus íntimos, que tiene el color de las despedidas. Entre el ahora estoy, pero luego no estaré; Los compañeros de cena de este hombre iluminado, atónitos, le han oído decir mientras les ofrecía el pan y el vino: “Tomad y comed, esto es mi cuerpo”... “Tomad y bebed, esto es mi sangre”... Juan, el casi hermano, se ha estremecido ante la transustanciación del amigo en alimento de vida eterna.
Lo más extraño, si cabe, es que Jesús parece instaurarlo, sólo, como una costumbre diciendo a los que con él están: “Haced esto en memoria mía”. Memoria versus interpretación literal. Lo han contado para el mundo cuatro hombres, que fueron llamados evangelistas, aunque tres de ellos no estaban allí. Eso sí, como cuando Sócrates, se despide una víctima. Asunto de fe. Este banquete marcará a fuego toda la cultura de Occidente.
Pero sobre todo, este banquete ha sido pintado, genialmente pintado.
Esta agitación de rostros bellamente populares, estas luces de dentro a fuera, este movimiento de gran ópera fué pintado (1592-94) por el Tintoretto, "el cerebro más terrible (Vasari lo ha dicho), que haya tenido nunca la pintura". Esta maravilla es uno de sus cuadros para la iglesia de San Giorgio Maggiore, en Venecia. La última cena, la última gran obra. El anciano pintor ha necesitado una tela de 3,65 m de alto y 5,68 m de ancho.
Una taberna sombría y popular. La escena dramáticamente distorsionada. Las figuras humanas –campesinos, pescadores, (pecador@s)– abrumadas por la aparición de seres fantásticos. Es un poltergeist de ángeles y palabras, donde las aureolas de los santos aportan luces extrañamente desiguales que subrayan detalles incongruentes. Sobre los comensales, una lampara inenarrable, cuelga del cielo como un Grial, protegido por ángeles giróvagos.
Pero no es el Grial, porque Jesús el nazareno (que esta vez, sí ha sido pintado en el centro de la instantánea), lo tiene debajo de sí y en sí mismo, mientras ofrece a uno de sus compañeros, luego apóstoles, un pedazo de pan pascual. Algunos de los que están en la cena le han oído decir mientras les ofrecía el pan y el vino: “Tomad y comed, esto es mi cuerpo”...
No todos le han oído claramente. A la derecha, como yo, unos atareados sirvientes siguen su propio ballet. Lo dicho: Asunto de fe.
n Manuel Jular
domingo, 16 de marzo de 2008
Vuelven los papones y las...¿paponas?
–¡Tema vidrioso!, me dijo Pedro, cuando le expuse que quería escribir sobre la santa semana leonina, sus incongruencias y sus incomodidades. –¡Mejor salir de naja como otros años!, dijo T.
Hasta el bocazas de MJ puso una cara muy rara: –¿Qué vas a decir, que la liberación de la mujer no consiste en hacerse guardia, militar, papona o como se diga? –No, yo pensaba que... –¿Vas a decirles a tus conciudadanos, que están enamorados de sus supuestas tradiciones, que lo que festejan y recuerdan, viene de la capa y linchamiento de judíos, siglos atrás?
Bueno, algo han mejorado. Ahora los judíos se dejan bautizar con limonada y... –¡Bobadas! ¿Y qué me dices de todas esas pedorretas acornetadas de las bandas? ¿Vas a decirles que no hacen sino imitar malamente lo peor de las procesiones sureñas, el bailongo de los pasos y la música ramplona y estridente que ejecutan? ¡Ejecutan! Y pensé que era la palabreja justa. Al menos en otros sitios a las turbas las llaman turbas.
Entonces Pedro Fierro interrumpió a su amigote y atacó con fiereza: –Todo está en proceso de refundación. Dentro de unos años cada tribu tendrá sus procesionantes con sus pasos. Y los pasos... Cada vez hay más y cada vez son peores. –Bueno, dije yo, alguno hay que... –Media docena (terció MJ críticamente tenso). Creo que los pasos de calidad artística comprobada no llegan a la media docena...
Menos mal, pensé yo, porque si, devociones aparte, los pasos fuesen buenos, las bandas sonasen bien, etc., etc. León se llenaría de guiris y demás bichos hasta la bandera. O sea, que Quindós, Jaular y otros amigos hosteleros tendrían que habilitar tiendas de campaña en Papalaguinda, La Condesa y demás jardines de Don Paco Raquetas. Lo cual que... Limpiezas aparte.
–¡Tema vidrioso!, me dijo Pedro, cuando le expuse que quería escribir sobre la santa semana leonina, sus incongruencias y sus incomodidades. –¡Mejor salir de naja como otros años!, dijo T.
Hasta el bocazas de MJ puso una cara muy rara: –¿Qué vas a decir, que la liberación de la mujer no consiste en hacerse guardia, militar, papona o como se diga? –No, yo pensaba que... –¿Vas a decirles a tus conciudadanos, que están enamorados de sus supuestas tradiciones, que lo que festejan y recuerdan, viene de la capa y linchamiento de judíos, siglos atrás?
Bueno, algo han mejorado. Ahora los judíos se dejan bautizar con limonada y... –¡Bobadas! ¿Y qué me dices de todas esas pedorretas acornetadas de las bandas? ¿Vas a decirles que no hacen sino imitar malamente lo peor de las procesiones sureñas, el bailongo de los pasos y la música ramplona y estridente que ejecutan? ¡Ejecutan! Y pensé que era la palabreja justa. Al menos en otros sitios a las turbas las llaman turbas.
Entonces Pedro Fierro interrumpió a su amigote y atacó con fiereza: –Todo está en proceso de refundación. Dentro de unos años cada tribu tendrá sus procesionantes con sus pasos. Y los pasos... Cada vez hay más y cada vez son peores. –Bueno, dije yo, alguno hay que... –Media docena (terció MJ críticamente tenso). Creo que los pasos de calidad artística comprobada no llegan a la media docena...
Menos mal, pensé yo, porque si, devociones aparte, los pasos fuesen buenos, las bandas sonasen bien, etc., etc. León se llenaría de guiris y demás bichos hasta la bandera. O sea, que Quindós, Jaular y otros amigos hosteleros tendrían que habilitar tiendas de campaña en Papalaguinda, La Condesa y demás jardines de Don Paco Raquetas. Lo cual que... Limpiezas aparte.
jueves, 13 de marzo de 2008
La Gioconda
En el Real de Madríz...Bueno, pues ponían una opera, que llaman La Gioconda, que yo creía qu’era de Leopardo Vinci, pero que resulta qu’el responsable es un tal Amilcar Ponchielli (lo he copiao del pograma). No veáis que lujo. Entremos en el teatro a las seis de la tarde, como en las corridas por San Isidro (el santo más vago del mundo) y salimos...
¡Toma música!. Allí cantaban y cantaban tol rato, no como en las zarzuelas y lo hacían en “italianini”. No todos, porque uno, un tal Orencio (Enzo, dice el pograma) lo cantaba todo narigueras, como cantaban la misa en Santasmartas. Y a otro, Alvise, que iba de rojo como el diablo, le sonaba a su “llingua” madre (que a saber de dónde era porque se llamaba Anastassov). Luego había otro, que cantaba muy fuerte, muy fuerte, y era muy, muy maluco. Que no me extraña que tuviera tan mala sangre, porque estaba pluriempleao. Le daba a la guitarra, le daba al mitin, le daba a la pesca, le daba al proxeneta. Y encima espiaba por cuenta de la brigada político-social (quiero decir la Inquisición). ¡Y vaya culebrón! Allí estaba Gioconda, que se llamaba rumana o Urmana y qu’estaba de muy buen ver (aunque un poco llenita), que había cogido manía a la otra, la Laura, (que era pequeña y con unas tetas...). Y tol rato no se sabía si quería matarla, o casarla con el Orencio... O si quería ella casarse con él, o matarse. Que al final sí, se mata. Pero eso es porque no quería dar su cuerpo serrano a Bernabé, el pluriempleao, que al final resulta ser el asesino de su madre La Ciega.
Que antes no he dicho nada de la Ciega, porque es otro lío. Porque la Ciega recita las letanías de la Virgen y los venecianos (que son unos tíos muy ruidosos, y muy paganos, y no quieren más que fiesta, pan y regatas), se creen que les está echando maleficios. “Getatura”, mal de ojo... ¡Pero si es ciega!. Bueno pues La Ciega, que tiene un rosario que da la buena suerte, coge y en vez de dárselo a su hija Giocondita, se lo da a la Laura. Y así pasa lo que pasa.
Y luego. En medio de todo el barullo salieron doce señoritas, (doce como las horas, que no creáis que no m’entero) que venían con unos camisonines de traspacolor y lo movían todo que daba gusto. hasta que a las doce mozas les entró el sueño. Y luego salieron otros dos, que debían ser chico y chica, que daban saltos y el personal les aplaudió mucho. Luego m’enteré de que el chico era nacido en Madríz, en Colmenar Viejo y claro en el teatro debía estar toda su familia. Total, que a pesar de tó, lo pasemos bomba con La Gioconda. Y que un día de estos voy a atreverme a ver una opera de ése que llaman Wagner, que creo que en los descansos dan salchichas.
Paco Sopas Dajo
corresponsal jubilado y ganadero
martes, 11 de marzo de 2008
PERDIMOS, PERDIMOS, PERDIMOS OTRA VEZ
Estábamos los cuatro en Madrid. Capital de la mierda, la llama Pedro desde que la ciudad se debate entre el enladrillado faraón Gallardón y el reinado de la Sultana Aguirre, aristócratas solares ambos.
–Supongo que les llamas solares, por su afición al suelo, dijo Manuel, siempre propenso al chiste fácil.
–Son solares, porque como el sol, han acostumbrado a los madrileños a su presencia... imponente. El amigo Fierro V. masculló esta sentencia mientras miraba, con una cierta alarma, una fila de monjas que entraban en el colegio electoral.
–Se concentra el voto útil ¡funéreo presaggio!, rió Jular. Y Pedro: –¡Mi fa paura! A estos dos, el italiano les viene de su pasión por la ópera.
Y la ópera, además del empadronamiento en Madrid de los dos “mozos”, nos había sacado de León el electoral fin de semana. El Teatro Real “despedía” por la tarde a la soprano Violeta Urmana que ha estado cantando las ocho o diez funciones de La Gioconda de Ponchielli y allí íbamos a estar.
Toe abandonó su silencio para sugerir, que tras el cívico cumplimiento y antes de la devoción musical, hiciéramos un po de feste e pane y nos fuimos a Casa Paco a echarnos algunos colesteroles al cuerpo. El tapeo se alargó entre la charla musical y el (inevitable) sainete político. En los últimos días habíamos palpado el miedo en los dos grandes partidos enfrentados.
Pedro: –¡Madriz, qué bien resistes...!
Manuel: –¡Sí, a...Zapatero!
P.: –Bada, la cieca ha il mal ochio.
T.: –El voto del miedo es bipartidista.
Marta: –¡Bipartidista es la ley electoral!
Los cuatro: –Taverniere, ¡ Un altra botiglia!...
Las chicas les dejamos solos para darnos unos retoques. El Real, en domingo, no es tan empingorotado como otros días. La función empieza a las seis de la tarde como si fuese un espectáculo taurino y la luz diurna y goyesca es poco proclive a la etiqueta. Los mozos se quedaron, no se si paseando, o adquiriendo ácido úrico. Volvimos a estar los cuatro juntos en el segundo entreacto de La Gioconda. La música se imponía sobre cualquier comentario, con excepción de lo buenos que están los “canapiés” y el cava en los múltiples ambigús del teatro. El nivel de la representación estaba siendo alto, muy alto en el caso de la soprano rumana. Bueno el director. Interesante la puesta en escena...
La obra de Ponchielli es una rara avis, que parece un tanto arcaica si se piensa que, cuando se compuso, Verdi ya había estrenado Aida, y Wagner, El Oro del Rhin y La Valquiria. Pero es muy emocionante y un tanto gótica. Algun día tendré que escribir sobre ella. La ópera terminó tan bella y cruel, como siempre, y salimos a la noche madrileña buscando un sitio cómodo –que no pienso desvelar– desde donde seguir la debacle electoral. Como siempre, ya habían ganado los dos partidos (de los cojones, dijo Manuel desde sus convicciones profundas). Como casi siempre Madriz había vuelto a votar, humillado y vencido, a las cementeras del PP.
Como casi siempre los catalanes de pro y algunos pocos vascos habían decidido las elecciones (Con la ley D’Hont no se puede, dijo tozudo y un tanto zorrocotroco Pedro Fierro Viejo). Como siempre, todos se daban por ganadores, incluída una tránsfuga del partido ganador.
Sólo habían perdido unos republicanos catalanes fagocitados por el PSOE-PSC, con quien habían compartido legislatura. ¡Manda huevos!
Y como siempre, o casi siempre (amigo Gaspi, compañero Guillermo Murias), habíamos perdido nosotros, los de siempre. Manolo Jular, que se jacta de no haber ganado, jamás, una elección desde las “luchas” en el colegio San José donde estudió, sentenció: –¡In questi fieri momenti hay que olvidar La Gioconda y volver al país real, "Les Luthiers"! y cantó “ostentóreamente”, acompañado por los presentes:
-¡Perdiiimos, perdiiimos, perdiiimos ooootra veeez...!
–Supongo que les llamas solares, por su afición al suelo, dijo Manuel, siempre propenso al chiste fácil.
–Son solares, porque como el sol, han acostumbrado a los madrileños a su presencia... imponente. El amigo Fierro V. masculló esta sentencia mientras miraba, con una cierta alarma, una fila de monjas que entraban en el colegio electoral.
–Se concentra el voto útil ¡funéreo presaggio!, rió Jular. Y Pedro: –¡Mi fa paura! A estos dos, el italiano les viene de su pasión por la ópera.
Y la ópera, además del empadronamiento en Madrid de los dos “mozos”, nos había sacado de León el electoral fin de semana. El Teatro Real “despedía” por la tarde a la soprano Violeta Urmana que ha estado cantando las ocho o diez funciones de La Gioconda de Ponchielli y allí íbamos a estar.
Toe abandonó su silencio para sugerir, que tras el cívico cumplimiento y antes de la devoción musical, hiciéramos un po de feste e pane y nos fuimos a Casa Paco a echarnos algunos colesteroles al cuerpo. El tapeo se alargó entre la charla musical y el (inevitable) sainete político. En los últimos días habíamos palpado el miedo en los dos grandes partidos enfrentados.
Pedro: –¡Madriz, qué bien resistes...!
Manuel: –¡Sí, a...Zapatero!
P.: –Bada, la cieca ha il mal ochio.
T.: –El voto del miedo es bipartidista.
Marta: –¡Bipartidista es la ley electoral!
Los cuatro: –Taverniere, ¡ Un altra botiglia!...
Las chicas les dejamos solos para darnos unos retoques. El Real, en domingo, no es tan empingorotado como otros días. La función empieza a las seis de la tarde como si fuese un espectáculo taurino y la luz diurna y goyesca es poco proclive a la etiqueta. Los mozos se quedaron, no se si paseando, o adquiriendo ácido úrico. Volvimos a estar los cuatro juntos en el segundo entreacto de La Gioconda. La música se imponía sobre cualquier comentario, con excepción de lo buenos que están los “canapiés” y el cava en los múltiples ambigús del teatro. El nivel de la representación estaba siendo alto, muy alto en el caso de la soprano rumana. Bueno el director. Interesante la puesta en escena...
La obra de Ponchielli es una rara avis, que parece un tanto arcaica si se piensa que, cuando se compuso, Verdi ya había estrenado Aida, y Wagner, El Oro del Rhin y La Valquiria. Pero es muy emocionante y un tanto gótica. Algun día tendré que escribir sobre ella. La ópera terminó tan bella y cruel, como siempre, y salimos a la noche madrileña buscando un sitio cómodo –que no pienso desvelar– desde donde seguir la debacle electoral. Como siempre, ya habían ganado los dos partidos (de los cojones, dijo Manuel desde sus convicciones profundas). Como casi siempre Madriz había vuelto a votar, humillado y vencido, a las cementeras del PP.
Como casi siempre los catalanes de pro y algunos pocos vascos habían decidido las elecciones (Con la ley D’Hont no se puede, dijo tozudo y un tanto zorrocotroco Pedro Fierro Viejo). Como siempre, todos se daban por ganadores, incluída una tránsfuga del partido ganador.
Sólo habían perdido unos republicanos catalanes fagocitados por el PSOE-PSC, con quien habían compartido legislatura. ¡Manda huevos!
Y como siempre, o casi siempre (amigo Gaspi, compañero Guillermo Murias), habíamos perdido nosotros, los de siempre. Manolo Jular, que se jacta de no haber ganado, jamás, una elección desde las “luchas” en el colegio San José donde estudió, sentenció: –¡In questi fieri momenti hay que olvidar La Gioconda y volver al país real, "Les Luthiers"! y cantó “ostentóreamente”, acompañado por los presentes:
-¡Perdiiimos, perdiiimos, perdiiimos ooootra veeez...!
Yo, Marta Delgado, doy fe.
miércoles, 5 de marzo de 2008
Ya queda menos para el domingo
Después del mitin de León, y de los charcos de ambos contendientes en el segundo debate, que en el caso del señor Rajoy fueron la ciénaga iraquí y cosas peores, parecen haberse clarificado algo las perspectivas. La reaparición del "Amigo de Bush", acompañado del inenarrable Acebes, podrá haber reforzado el ala derechona del PP, pero (seguramente) ha despertado los recelos y la reticencia a votar de mucho indeciso de "izquierdas". Si nos fiamos de las encuestas (que no nos fiamos) y de los análisis de los reporteros (que tampoco), nuestro Papes nacional ganará las elecciones y tendremos otros cuatro años de "socialismo". Bien.
Bien... si garantizar el triunfo del PSE no supone la desaparición de IU. Esta coalición no sólo padece la marginación inexorable a que la someten los intereses económicos del capital contra el que lucha (en rojo y verde). Además, está lastrada por una ley electoral a todas luces injusta, que ni los dos grandes partidos, ni los nacionalistas (a los que favorece la concentración de sus votos en pocas provincias) parecen querer arreglar. Hagan cuentas. De vergüenza. P. F. V.
Bien... si garantizar el triunfo del PSE no supone la desaparición de IU. Esta coalición no sólo padece la marginación inexorable a que la someten los intereses económicos del capital contra el que lucha (en rojo y verde). Además, está lastrada por una ley electoral a todas luces injusta, que ni los dos grandes partidos, ni los nacionalistas (a los que favorece la concentración de sus votos en pocas provincias) parecen querer arreglar. Hagan cuentas. De vergüenza. P. F. V.
lunes, 3 de marzo de 2008
El cartero siempre llama dos veces
A León vino Rayuá, ¿E purcuá pá?
Mitin en el Arena. Mas… ¡oh sorpresa! ¡Si están Ana Botella y el Acebes!... Y ¿quién es ese semiembigotado mozo del jersey rosa? ¡Jose Mari! ¡Es Jose Mari, el amigo de Bush in person!: "Yo me fío de Mariano Rajoy. A lo mejor hay españoles que no se entusiasman con el PP, o con Mariano Rajoy, o piensan 'usted tiene el bigote torcido', pero Mariano Rajoy sabe interpretar las cosas mejor". "Éste es el acto político más bonito al que he asistido nunca. Gracias a todos. Gracias, José María Aznar. Cinco veces me has nombrado ministro, una vicepresidente del Gobierno. Hoy estás aquí. Has dicho palabras bonitas y muy sentidas. En mi memoria, en mi cabeza y mi corazón estarás siempre", ha dicho Rajoy y antes (levantando el brazo de Aznar como el de un boxeador tras ganar una pelea): "Os voy a decir cómo estoy. Muy bien, en forma, muy feliz, con muchas ganas, con mucho coraje y absolutamente convencido de que vamos a ganar las elecciones". Y nada de insultos (o sea, a la remanguillé): “Zapatero huye de la moderación, del equilibrio, de la razón y va desesperado y como un poseso a pedir el voto de los radicales" y “está en la inopia y en babia". Miente. Zapatero está en Zaragoza, con la Pilarica, que es socialista... En fin: “¡Semana infeliz, pierde el Barcelona y gana el Madriz”. ¡Caca!
Así las cosas, la terrorista ETA ha remitido un comunicado a los diarios habituales, en el que pide la abstención en las próximas elecciones generales. Bien, esto nos obliga definitivamente a votar. Me voy a Madrid, capital de mierda, votaré a Llamazares y luego me pincharé un bocata de ibérico –todavía hay clases– en el Teatro Real durante un intermedio de La Gioconda.
Estamos en León, ¿tierra de Zapatero?, donde el resultado electoral anduvo ajustado hace cuatro años. Como dice V. A. Pérez, la hospitalidad de León, ciudad en la que nadie es gallego ni castellano, sino paisano, puede con todo. Por aquí MR se pasea como por su casa, pues ésta es la ciudad de su primer cigarro (o incluso de su primer puro). Y de los llioneses, o lleouneses, que se citaban a través de Internet para “engüevallo” (paisana y medievalmente), nada se supo. Mejor. Menos disgustos para la niña de Mariano, que ha pasado ya de votar al PSOE, para votar a Llamazares y a Guillermo Murias.
León es el lugar elegido por Mariano (cuidado con la mano), para celebrar su día de reflexión previo al segundo debate. «El debate que influirá a través de los indecisos» ha dicho la ingenua y picarilla Olga Viza, moderadora del cara a cara del lunes, mientras asegura que no resultará «inocuo» (inicuo, diría yo) para el espectador.
Meeting en la plaza de Toros. Esperábamos a Mariano “apollando”, o empollando y apoyado por el vaporoso fantasma Cándido y especímenes similares. ¿Dónde sentar al ínclito y apuñalado Javier G. P.? ¿Dónde colocar a Don Mario A.? ¡Por la niña de Rajoy! Llenar la plaza de toros de León supone conseguir que 10.000 personas, diez mil, acudan al León Arena, donde MR ha preparado la crispación de la recta final de la campaña –comportamiento propio de «imbéciles», Felipe dixit– para presentarse como la salvación. El líder del PP no “insultará” a nadie, «aunque a lo mejor alguna le cae a alguno -advirtió-, pero será de remanguillé». «El programa del PSOE soy yo: un modesto hombre de provincias, todos los días masacrado inmisericordemente. No paran». ¡Pobriño! ¡Oh, Zaplana, uf, Acebes, uuh, Aguirre, ah, Mariano! (cuidado con la mano).Mitin en el Arena. Mas… ¡oh sorpresa! ¡Si están Ana Botella y el Acebes!... Y ¿quién es ese semiembigotado mozo del jersey rosa? ¡Jose Mari! ¡Es Jose Mari, el amigo de Bush in person!: "Yo me fío de Mariano Rajoy. A lo mejor hay españoles que no se entusiasman con el PP, o con Mariano Rajoy, o piensan 'usted tiene el bigote torcido', pero Mariano Rajoy sabe interpretar las cosas mejor". "Éste es el acto político más bonito al que he asistido nunca. Gracias a todos. Gracias, José María Aznar. Cinco veces me has nombrado ministro, una vicepresidente del Gobierno. Hoy estás aquí. Has dicho palabras bonitas y muy sentidas. En mi memoria, en mi cabeza y mi corazón estarás siempre", ha dicho Rajoy y antes (levantando el brazo de Aznar como el de un boxeador tras ganar una pelea): "Os voy a decir cómo estoy. Muy bien, en forma, muy feliz, con muchas ganas, con mucho coraje y absolutamente convencido de que vamos a ganar las elecciones". Y nada de insultos (o sea, a la remanguillé): “Zapatero huye de la moderación, del equilibrio, de la razón y va desesperado y como un poseso a pedir el voto de los radicales" y “está en la inopia y en babia". Miente. Zapatero está en Zaragoza, con la Pilarica, que es socialista... En fin: “¡Semana infeliz, pierde el Barcelona y gana el Madriz”. ¡Caca!
Así las cosas, la terrorista ETA ha remitido un comunicado a los diarios habituales, en el que pide la abstención en las próximas elecciones generales. Bien, esto nos obliga definitivamente a votar. Me voy a Madrid, capital de mierda, votaré a Llamazares y luego me pincharé un bocata de ibérico –todavía hay clases– en el Teatro Real durante un intermedio de La Gioconda.
Pedro Fierro Viejo
viernes, 29 de febrero de 2008
Sobre Juan Luis García

Querida Marta:
Te envío estas líneas para que las publiques (si te parece bien) en tu página.
Sometidos por obra y gracia de la resabiada edad a una endogamia eminentemente defensiva vivimos, a veces, sin darnos cuenta del talento de los demás. Incluso cuando ese talento contiene elementos creativos tan próximos a uno mismo, como pueden ser la música o la imagen. Desde que he vuelto a estar en León más tiempo seguido, he “descubierto” gente (o instituciones, cosas…) muy interesantes y a las que la capital del invierno, tan despegada como siempre, no valora, desconoce, o tal vez finge desconocer.
Probablemente no es el caso de Juan Luis García, polifacético caballero, músico profesional, y desde hace menos tiempo (creo) fotógrafo muy pictórico y sonoro. He buceado en sus archivos y he encontrado esas piezas, que son una pequeña muestra de su magnífica inventiva y poético humor. La imagen Arco de la aorta de un saxo es una notable respuesta a mis obsesiones por las espirales. El Seno de la musa y Música telegráfica emparentan directamente con algunos de mis palimpsestos sobre música. Desde que he visto estas obras de Juan Luis me siento menos solo. Volveré sobre él en el futuro.
Te envío estas líneas para que las publiques (si te parece bien) en tu página.
Sometidos por obra y gracia de la resabiada edad a una endogamia eminentemente defensiva vivimos, a veces, sin darnos cuenta del talento de los demás. Incluso cuando ese talento contiene elementos creativos tan próximos a uno mismo, como pueden ser la música o la imagen. Desde que he vuelto a estar en León más tiempo seguido, he “descubierto” gente (o instituciones, cosas…) muy interesantes y a las que la capital del invierno, tan despegada como siempre, no valora, desconoce, o tal vez finge desconocer.
Probablemente no es el caso de Juan Luis García, polifacético caballero, músico profesional, y desde hace menos tiempo (creo) fotógrafo muy pictórico y sonoro. He buceado en sus archivos y he encontrado esas piezas, que son una pequeña muestra de su magnífica inventiva y poético humor. La imagen Arco de la aorta de un saxo es una notable respuesta a mis obsesiones por las espirales. El Seno de la musa y Música telegráfica emparentan directamente con algunos de mis palimpsestos sobre música. Desde que he visto estas obras de Juan Luis me siento menos solo. Volveré sobre él en el futuro.
Manuel Jular
viernes, 22 de febrero de 2008
Dibujos de Toño Benavides
He recibido un correo de Antonio (Toño) Benavides. Toño, uno de los ilustradores más dotados que ha producido León, tiene un magnífico blog, que actualmente “descuida” un poco, porque se ha puesto al duro rollo de escribir una novela.Dice T. B.: “No lo he parado, pero estoy empeñado en terminar una novela corta y todo lo que escribo va para ese cajón que quiero mantener inédito”. Buen humorista, continúa: “Como dice Albite, en este país de audaces alguien debería valorar, de una vez por todas, la fuerza de voluntad que se necesita para no caer en la tentación de escribir una novela. ...Soy débil”.
Y nos manda unos dibujos de fino humor, que no podemos dejar sin publicar.Respecto a las elucubraciones del amigo Bernabéu y mías, sobre la plástica de Manolo Jular y la obra de éste, que aparece en el blog, Toño es sincero y comenta:
“A mi con tanto Aleph y tanta circunferencia pascaliana me ha entrado un mareo del catorce. La idea del infinito ha sido siempre fecunda en el arte y la literatura, y me alegra comprobar que, por lo que se refiere a mis amigos, lo sigue siendo. Yo disfruto morbosamente con la perplejidad en la que me sumen a veces esos abismos. Las paralelas, la diabólica raíz de 2 que enloqueció a los pitagóricos o la espiral (aurea o no). Pero al margen de la fascinación por la infinitud, que simboliza el objeto en si, está el hecho de la búsqueda constante por parte de Jular. Esa actitud, sin prejuicios por los materiales, las herramientas o la tecnica empleada, siempre me ha parecido lo mejor de su obra: Eppur si muove
martes, 19 de febrero de 2008
Los volátiles del Beato Jular
“El ojo es más rápido captando que la mano dibujando”
Walter Benjamín.
“La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”
Sobre los anchos hombros de la santidad se le posaban, al buen Beato Angélico, serviciales volátiles sin sexo, pálidos angelotes concebidos sin mácula, itinerando la mensajería entre los cielos y el convento, para nutrir sus cuadros con un hermoso florilegio de virtudes. En cambio, los volátiles del Beato Jular son pájaros promiscuos, que habitan los marjales nocturnos, la oscura vibración de las entrañas,y se erigen en los depositarios de aquel encantamiento que todavía yace en la malicia original de los pecados.
Original y nueva, en grados de osadía sorprendentes, resulta la reciente pintura de Manuel Jular. Y, con ella, habrá que andar por tramos y despacio, advertir que se es nuevo respecto a lo anterior y se es original respecto al todo, aunque el pintor presente revueltos sus hallazgos en un alarde incontenible de gloriosa bulimia.
Las técnicas, aquí, con la incorporación prodigiosa del pincel digital y el complicado encaje del ordenador, rompen la inercia del ciclo Shostakovich*, achatarran el sólido edificio del empaste, escampan los densos cirros lila que daban cuerpo a aquellas telas y mitigan el abrasador amarillo solano que las iluminaba.
Pero la nueva técnica, en Jular, posee una intención y un sentido precisos; replantear la relación mano-cerebro, que anonada y tortura a todoslos constructores de artefactos, acercarla en función de las vertiginosas posibilidades de la máquina y explorar su difícil connubio. Un ejercicio de poderosa lucidez, que sobrepasa los análisis de Benjamín y derriba la acobardada falsabraga con que se protegían las vanguardias.
Esto es lo nuevo, una rigurosa ceremonia de vísperas, por expresar lo mínimo del mejor de los modos posibles. Lo sustancial se alberga entre el Aleph y la circunferencia pascaliana. Por estos reinos improbables, en el albor de lo indeciso, tantean sus veredas y trazan sus caminos los cuadros de Jular. Él conocía ya las “variaciones” y el “tombeau” con que se homenajean los compositores. Conocía, también, las experiencias deslizantes de Picasso, con Delacroix y Velázquez, en busca de un estallido de fisión. O, en el mismo sentido, las más cercanas del “Equipo Crónica”. Ha querido ir más lejos y ha ahondado en la fusión, para crean un hongo, tornasolado y deslumbrante, que encierre todas las arqueologías del pintar, toda la crueldad de la abstracción. Y ha conseguido introducir, en su batalla, el genio de Twombly y el de Klee, el de Pollock y Mondrian
Pero esta arqueología no representa, de una manera exclusiva, su memoria. Las dialécticas de fagocitación que mueven cada cuadro, el recuperado valor del palimpsesto o la generosa conciliación del cainismo confieren a esta obra una sutileza esencial e indefinida, que nos remite a los matraces de la plástica y a su proyección espiral mediata e inmediata. Juegos entreverados de inteligencia, de olvido y de nostalgia sitúan a Jular en aquella polifonía desatada que había urdido Carpentier, para su “Concierto barroco”, en donde hacía coincidir el monótono canon de Vivaldi con la improvisación alucinada de Louis Armstrong. Jular ha fijado los vértigos y amalgamado los delirios en sus últimos cuadros; ha descerrajado la estética y le ha devuelto la fascinación de las policromías infantiles, el murmullo de las óperas viejas,el vagabundeo sin meta de los trovadores, el erotismo sin ortografía, la gracia de las “manolidades” y el hipnótico vaivén de los colores...
Original y nueva, en grados de osadía sorprendentes, resulta la reciente pintura de Manuel Jular. Y, con ella, habrá que andar por tramos y despacio, advertir que se es nuevo respecto a lo anterior y se es original respecto al todo, aunque el pintor presente revueltos sus hallazgos en un alarde incontenible de gloriosa bulimia.
Las técnicas, aquí, con la incorporación prodigiosa del pincel digital y el complicado encaje del ordenador, rompen la inercia del ciclo Shostakovich*, achatarran el sólido edificio del empaste, escampan los densos cirros lila que daban cuerpo a aquellas telas y mitigan el abrasador amarillo solano que las iluminaba.
Pero la nueva técnica, en Jular, posee una intención y un sentido precisos; replantear la relación mano-cerebro, que anonada y tortura a todoslos constructores de artefactos, acercarla en función de las vertiginosas posibilidades de la máquina y explorar su difícil connubio. Un ejercicio de poderosa lucidez, que sobrepasa los análisis de Benjamín y derriba la acobardada falsabraga con que se protegían las vanguardias.
Esto es lo nuevo, una rigurosa ceremonia de vísperas, por expresar lo mínimo del mejor de los modos posibles. Lo sustancial se alberga entre el Aleph y la circunferencia pascaliana. Por estos reinos improbables, en el albor de lo indeciso, tantean sus veredas y trazan sus caminos los cuadros de Jular. Él conocía ya las “variaciones” y el “tombeau” con que se homenajean los compositores. Conocía, también, las experiencias deslizantes de Picasso, con Delacroix y Velázquez, en busca de un estallido de fisión. O, en el mismo sentido, las más cercanas del “Equipo Crónica”. Ha querido ir más lejos y ha ahondado en la fusión, para crean un hongo, tornasolado y deslumbrante, que encierre todas las arqueologías del pintar, toda la crueldad de la abstracción. Y ha conseguido introducir, en su batalla, el genio de Twombly y el de Klee, el de Pollock y Mondrian
Pero esta arqueología no representa, de una manera exclusiva, su memoria. Las dialécticas de fagocitación que mueven cada cuadro, el recuperado valor del palimpsesto o la generosa conciliación del cainismo confieren a esta obra una sutileza esencial e indefinida, que nos remite a los matraces de la plástica y a su proyección espiral mediata e inmediata. Juegos entreverados de inteligencia, de olvido y de nostalgia sitúan a Jular en aquella polifonía desatada que había urdido Carpentier, para su “Concierto barroco”, en donde hacía coincidir el monótono canon de Vivaldi con la improvisación alucinada de Louis Armstrong. Jular ha fijado los vértigos y amalgamado los delirios en sus últimos cuadros; ha descerrajado la estética y le ha devuelto la fascinación de las policromías infantiles, el murmullo de las óperas viejas,el vagabundeo sin meta de los trovadores, el erotismo sin ortografía, la gracia de las “manolidades” y el hipnótico vaivén de los colores...
Las espirales de Manuel Jular
Espirales, lineas siempre abiertas en una dirección, previsiblemente cerradas en el otro extremo. Engendradoras, simbólicas, cargadas de misteriosas repeticiones, semejantes, nunca iguales. Sean espirales arquimediana, hiperbólicas o logarítmicas. Clotoides o de Fermat, lo automático ligera o severamente controlado produce repeticiones inexactas y por ello más expresivas. No confundir con las hélices, éstas son tridimensionales y su representación sobre el papel sólo puede ser convencional.La espiral es un signo antiguo. Apareció en el megalítico y probablemente representaba al sol que “muere y renace” día tras día. Si se quiere puede representar un pensamiento cíclico que avanza y se abre.
En la naturaleza podemos apreciar la belleza de esta curva logarítmica en la formación de algunas conchas animales, y en la anatomía de algunos cuernos, uñas y dientes. Algunos animales como el halcón se aproximan a la presa según una espiral logarítmica: su mejor visión está en ángulo con la dirección del vuelo; este ángulo coincidiría con el grado de la espiral. También los insectos volando con un ángulo constante a la fuente luminosa se aproximan a la luz según una espiral logarítmica. Los brazos de los ciclones tropicales, como los huracanes, también forman espirales logarítmicas. Nuestra propia Vía Láctea, se cree que tiene cuatro brazos espirales mayores, cada uno de los cuáles es una espiral logarítmica de unos 12 grados.
Ciertamente, el hombre ha usado del conocimiento no sólo simbólico de la espiral, sino de otros aspectos creativos con influencia notable en la arquitectura o la industria. Manolo Jular se ha metido en el camino de estas curvas explorando filtros y trazados de ordenador. O quizá podría decirse, que la máquina de diseñar ha montado sobre la obra de Jular una parte de sus exigencias automáticas potenciando el mestizaje habitual en la obra del pintor.
Aquí estan sus “espirales”. Sus títulos son algunas veces tan orientadesorientativos como desnortados. Aunque para catalogar pueden servir, siempre que uno no aprecie demasiado los métodos de Linneo. Muchos de ellos aluden a la procedencia de las primeras imágenes o de los primeros colores elegidos y entregados a las máquinas para tejer las generatrices que formatean la idea del pintor. Otros títulos tienen un carácter más simbólico, o vagamente poético. O irónico y semidescabellado.
Las obras se amontonan en el cuaderno de trabajo sin demasiada precisión. De hecho el album es más bien un instrumento de trabajo, que respeta vagamente una cronología. Para según qué objetivo (un libro, una exposición...) habría que entablar con estas imágenes una relación orden/caos y, también, seleccionar o cribar posibles excesos. La obra de Jular ha estado de modo cíclico –espiral– especulando entre los signos y el expresionismo abstracto. Ello subyace en estas figuraciones, a veces tan mulatas como barrocas.
Estos trabajos vienen desde la memoria, tienen un antes, un pasado. Como toda creatividad humana – Jular no es dios aunque señale las formas con el dedo como el de la Sixtina– estas pinturas recuerdan cosas... Sorpresas del pensamiento colectivo implantado. Van del todo a la nada y al revés. La geometría memoriza la naturaleza y ésta devuelve el recuerdo a la geometría de los pintores.
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